Los nobles y la nobleza en Villoslada

1.    Antecedentes históricos

         Villoslada perteneció al Señorío de Los Cameros al menos desde el siglo X y permanece así hasta el año 1366 cuando el rey Enrique de Trastamara concede el Señorío a su fiel servidor Don Juan Ramírez de Arellano. No obstante, Villoslada no fue incluida en esta concesión siendo entregada en Señorío, junto con Lumbreras y Ortigosa de Cameros, por el mismo Enrique de Trastamara el 8 de abril de 1366 en Burgos a Don Pedro Manrique de Lara, VI Señor de Amusco. A partir de entonces, Villoslada, histórica y geográficamente una parte esencial del Señorío de Cameros, queda desgajada y pasa a depender del linaje de los Manrique de Lara que ostentaría desde 1482 el Ducado de Nájera.
Sin embargo, en Villoslada no se dio un régimen señorial muy marcado, siendo más bien una tierra eminentemente libre (“pueblo libre”) predominando los hidalgos dedicados a actividades ganaderas y agrícolas en calidad de pequeños propietarios.
Desde una perspectiva histórica, cabe recordar que el territorio de Villoslada, debido a su condición de enclave montañoso de difícil acceso, no fue invadido ni estuvo sometido a la dominación árabe manteniendo su población originaria; por este motivo, cuando posteriormente se configura en la península la sociedad estamental, en Villoslada no se establece la “distinción de estados” entre nobles y pecheros ni la “mitad de oficios” (para uno y otro estado) disfrutando sus habitantes de altos niveles de igualdad y libertad.
Durante los siglos XVI y XVII se produce la decadencia del régimen señorial, entrando en el siglo XVIII en una lenta agonía que auguraba su pronto fin. Villoslada fue parte de este proceso. A fines del siglo XVIII, antes de que cesara el régimen de señorío, ya existía en Villoslada una “democracia municipal” en que el pueblo tenía la facultad de elegir a algunos funcionarios municipales (Regidores, Diputados, Procurador Síndico General, etc.).
Salvo excepciones, Villoslada no fue lugar de residencia de la alta nobleza titulada o de Caballeros de Órdenes Militares, pero fue cuna de nobles de Casa Solar, de hidalgos en posesión inmemorial y en propiedad (aquellos que obtuvieron una Real Carta Ejecutoria de Hidalguía) y de hidalgos por vizcainía que conformaron ilustres linajes con gran influencia en la historia de Los Cameros, La Rioja y España.
Los hidalgos, una figura netamente castellana, descendían de aquellos que se refugiaron en las montañas y organizaron la primera resistencia contra los árabes. Su condición de nobles se trasmitía de padres a hijos sin nuevo reconocimiento del Rey y constituían el último eslabón de la nobleza.  Jurídicamente gozaban de los mismos derechos y preeminencias que la nobleza titulada pero su nivel económico era similar al del pueblo llano. Los hidalgos, muy numerosos en el norte de España, se concentraban en el ámbito rural. En algunas provincias vascas y en valles de Navarra la llamada hidalguía colectiva beneficiaba a todos los nacidos en esos territorios; y, según algunos tratadistas, en la Sierra de Cameros.
Varios cronistas e historiadores han postulado la posible hidalguía (nobleza) colectiva de los cameranos. Sin embargo, nunca hubo un reconocimiento explícito de hidalguía colectiva por parte de la Corona, de manera que sólo se dispone de presunciones probatorias.
Resulta imprescindible mencionar al antiquísimo e Ilustre Solar de Tejada, de enorme trascendencia en el orden nobiliario hispánico y en el devenir histórico de Villoslada. El autor J. L. Calvo Palacios, al reseñar la legendaria batalla de Clavijo acaecida en territorio riojano en el siglo IX, destaca al capitán Sancho Fernández de Tejada quien fue recompensado por el Rey Ramiro I de León con la concesión de los solares de Tejada y Valdeosera (en las montañas de Cameros) y con un Privilegio de nobleza para él y sus descendientes por línea de varón o de mujer: “esta circunstancia tiene especial significación para el estudio social de Cameros, ya que casi todos los cameranos, de una u otra manera, tienen la condición de nobles, y esto se refleja en su actitud altiva frente a los posteriores Señores de Cameros y en su negativa a emplearse en oficios socialmente considerados como villanos”.
El mismo autor describe el sentimiento de pertenencia a un estatus superior propio del habitante rural riojano quien goza de la independencia de no trabajar para otros: “Esta última situación se agudiza en la zona camerana. Para comprenderla hay que pensar que todos o casi todos tienen algún entronque con la nobleza de Valdeosera o Tejada. Se consideran nobles y como tales tienen muy a menos la realización de determinados trabajos”.
Ignacio Granado Hijelmo se refiere a estos solares como “un intento de conseguir en la Sierra riojana una hidalguía colectiva parecida a la que disfrutaban los vizcaínos en zonas similares”.
Diversas fuentes dejan claramente asentado que en Villoslada, según una de ellas desde 1590 y según otras con anterioridad al siglo XVIII (aunque sin mayor precisión temporal), no hubo “distinción de estados” entre nobles y pecheros ni tampoco “mitad de oficios” reservados para uno u otro estado. Esta situación resultaba excepcional en el contexto de la sociedad estamental de la época. Asimismo, no se confeccionaron de manera regular en Villoslada “padrones de estado” con la finalidad de distinguir a la población para el cobro de tributos (“pechos”); en los hechos y en el derecho los residentes no estaban afectos pues los tributos se pagaban de “bolsa común” a través del Ayuntamiento. Estas circunstancias son consistentes con la eventual “hidalguía colectiva” de sus vecinos originarios o, al menos, con la presencia de un gran porcentaje de población hidalga.
El único padrón que distinguía a la población de Villoslada por “clases” es más bien tardío (año 1767) y no fue ejecutado para utilizarse en el cobro de impuestos; registra 34 nobles hidalgos reconocidos como tales de un total de 249 vecinos. La población era de 1.250 habitantes, pero hay que señalar que la mayor parte no había intentado obtener el reconocimiento legal de su condición hidalga (o la había perdido en algún momento) como consecuencia del nulo beneficio para los residentes en la villa. Los 34 hidalgos que constan en el padrón de 1767 son los siguientes:
Don Antonio Fernández-Salvador, Don Raphael Fernández-Salvador, Don Joseph Joachin García del Valle, Don Joseph Antonio García del Valle, Don Vicente García del Valle, Don Bernardino López-Montenegro, Don Bernardo Miguel López-Montenegro, Don Francisco Xavier López-Montenegro, Don Joseph Joachin López-Montenegro, Don Salvador López-Montenegro, Don Juan Antonio Moreno-Montenegro, Don Manuel Moreno-Montenegro, Don Pedro Moreno-Montenegro, Don Antonio de Náxera, Don Juan Antonio de Náxera, Don Joseph de Nájera-Salvador, Don Joaquín de Puerta, Don Antonio Clemente Fernández de Velasco y Medrano, Don Antonio García-Olalla, Don Joseph Santos González de Andía, Don Gregorio Xavier González de Andía, Don Lorenzo González-Valdosera, Don Diego Íñiguez, Don Angel Lozano de Velasco, Don Andrés Martínez de la Escalera, Don Manuel Martínez de Tejada, Don Phelipe Valentín Sáenz de Sicilia, Don Pedro Juan Sánchez Nieva, Don Carlos Sólo de Zaldívar, Don Francisco Antonio Sólo de Zaldívar, Don Joseph Valdosera, Doña Manuela Almarza, Doña Manuela Fernández de Tejada y Doña Josefa Fernández de Velasco.
Sólo 17 de ellos pertenecían a familias originarias de Villoslada (los restantes, tenían asiento temporal en la villa). A su vez estos 17 se agrupaban en 6 familias con gran poder económico pues eran las principales propietarias de ganado lanar; todos ellos contaban con el reconocimiento formal y taxativo de su hidalguía mediante una “Real Carta Ejecutoria de Hidalguía”. La necesidad de este reconocimiento obedecía al hecho de que miembros de estas familias estudiaban fuera de la villa (las universidades o colegios mayores requerían probanzas de nobleza siendo las “Ejecutorias” un medio idóneo de prueba), otros seguían la carrera eclesiástica o funcionaria o tenían una segunda vecindad por razones mercantiles, situaciones en las que requerían demostrar su hidalguía.
Como ya se señaló, al comparar este “Empadronamiento” del año 1767 con otras fuentes se constata la presencia de un grupo numeroso de personas de origen hidalgo que no tenían probada esta calidad: familias descendientes del Solar de Tejada, familias de origen noble “inmemorial” asentadas desde hacía varios siglos en Villoslada, hidalgos por vizcainía y vecinos de reciente radicación en Villoslada cuyos linajes gozaban de hidalguía en el pueblo de asentamiento previo. Aunque todos ellos eran hidalgos notorios, no fueron incluidos como tales en el padrón de 1767 (ni tampoco en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752) ya que se les inscribía como hidalgos sólo si la nobleza estaba amparada en una “Ejecutoria de hidalguía”; en su defecto, quedaban inscritos como pecheros hasta que, tras verse obligados a litigar, consiguieran probar su condición de nobles. Se daba la circunstancia de que los hidalgos peninsulares tenían como principal privilegio la exención de la mayoría de los impuestos, los cuales debían ser soportados a prorrata por el resto de los vecinos. Por este motivo, los calificadores a cargo de ejecutar los padrones municipales intentaban evitar dicho privilegio fiscal impugnando a quienes impetraban la hidalguía de manera que continuasen en el estado llano. Ello podía derivar en los denominados “pleitos de hidalguía” ante la Sala de Hijosdalgo de la Real Chancillería de Valladolid, dictándose sentencia o “Ejecutoria de hidalguía” que demostraba la nobleza discutida en el pleito y permitía la posterior inclusión del beneficiado en el padrón del estado noble de su localidad.
Por una parte, el “pleito de hidalguía” resultaba lento, prolongado y oneroso; y por otro lado, la sentencia o “ejecutoria” favorable así como la mantención de la hidalguía otorgaban beneficios irrelevantes dentro de Villoslada. Sólo en 1719 se estableció el pago de la “Refacción” a los hidalgos, pero en la práctica ello tuvo un carácter meramente testimonial pues no existió en esta villa la “distinción de estados” (estado noble y estado llano o pechero) ni otros distintivos que les beneficiaran. Asimismo, eran bastante limitados los recursos económicos disponibles: una “Ejecutoria de Hidalguía” del año 1780 señala que la demora en probar la hidalguía se debe a que los interesados por “falta de medios no han podido diligenciar su recibimiento al estado noble que les correspondía”. Todas estas circunstancias explican el gran número de hidalgos que no estaban reconocidos como tales.
Durante el siglo XVIII, un grupo de villosladenses que habían emigrado y prosperado económicamente en Andalucía o Extremadura donde la hidalguía tenía un importante reconocimiento social, iniciaban desde esos lugares los trámites para hacerla valer ya fuese por su carácter de inmemorial o como descendientes del Solar de Tejada.

2.    La nobleza en Villoslada hoy

El análisis de la nobleza y los nobles en Villoslada se enmarca históricamente en lo que se denomina el “Antiguo Régimen”. Desde 1812, al entrar en vigor la Constitución de Cádiz, se consolida el principio de igualdad ante la ley (impulsado por los vientos de la Revolución Francesa) y pocos años después se derogan las exigencias de pruebas nobiliarias para cargos en la milicia, la administración o la enseñanza. Quedan abolidos todos los privilegios y exenciones y se declara formalmente que todos los españoles son iguales ante la ley. Desaparecen los Señoríos y es derogada la legislación referente a los “pleitos de hidalguía”: los hidalgos dejan de constituir una clase social y quedan reducidos a un recuerdo histórico; es la denominada “Confusión de Estados” en que ya no hay distinción entre nobles y pecheros.
Como consecuencia de lo anterior, queda sin efecto la distinción entre la primera nobleza titulada y la segunda nobleza sin título (hidalgos). Legalmente, sólo subsiste la nobleza titulada, pero los Títulos del Reino y Grandezas pasan a ser distinciones honoríficas sin que involucren privilegios o exenciones.
Tras estas profundas modificaciones en materia de nobiliaria, sorprendentemente mantuvo su vigencia en España sólo un Solar y Señorío colectivo noble, situado en el corazón de la Sierra de Cameros: el Solar de Tejada. Con posterioridad a la “Confusión de Estados”, este Señorío es el único que ha seguido obteniendo “Confirmaciones” de todos los Reyes de España respecto de su nobleza y del derecho a usar el escudo de armas que le corresponde a los Señores Caballeros Diviseros de Tejada. Las “Confirmaciones” regias han sido otorgadas expresamente a favor del Solar de Tejada, Solar incluido en la “Guía Oficial de Grandezas y Títulos del Reino”, edición de 2002, en la Sección Señoríos.
Por consiguiente, hoy día la casi totalidad de los habitantes o descendientes de Villoslada tienen el privilegio de acceder a la nobleza de sangre, a la dignidad nobiliaria de Caballeros Diviseros o Señores Diviseros de Tejada y a la utilización de su escudo de armas solariego. Para obtener dicho privilegio basta con documentar la condición de ser descendiente de alguien inscrito en el Solar de Tejada, e inscribirse acto seguido. Ello es posible porque, salvo contadas excepciones, los habitantes de Villoslada tienen uno o más antepasados por línea de varón o de mujer registrados en los Archivos de Tejada durante los últimos siglos.

(Información extractada del libro “Villoslada de Cameros. Pueblo de hidalgos, trashumantes y emigrantes”. Publicado por Juan Antonio García-Cuerdas y Sánchez-Lollano, y editado en 2006 por el Instituto de Estudios Riojanos).