La trashumancia

         Desde tiempos remotos los contrastes climáticos entre el norte y el sur de la geografía ibérica indujeron desplazamientos estacionales en uno y otro sentido de los ganaderos y pastores villosladenses en busca de pastizales. La trashumancia ganadera consistía en el traslado de ellos junto a sus ovejas merinas desde la sierra camerana a las tierras más cálidas de Extremadura y Andalucía antes del inicio del inclemente invierno serrano y su retorno en primavera.

          Durante el siglo XIV y hasta fines del XVIII, período de auge de la ganadería trashumante merina, de la venta de lana fina y de la fabricación de paños, surgió en Villoslada un entramado de relaciones sociales, económicas, políticas e institucionales cuya finalidad era sobreponerse a las duras condiciones que imponía la naturaleza y buscar el óptimo aprovechamiento que permitiera desarrollar el lucrativo negocio ganadero. Una sólida organización colectiva y la incorporación a ella de vecinos dispuestos a vencer las adversidades y la hostilidad del medio fueron las claves que permitieron el florecimiento económico de esta población que de otra manera hubiese desaparecido varios siglos antes. Este sistema, autorregulado y cohesionado por vínculos extraeconómicos, proporcionaba estabilidad, importantes ingresos económicos, una educación privilegiada que alcanzaba también a las mujeres y unas experiencias de vida y conocimiento del mundo poco habituales entre los habitantes de aquella época.

          La actividad ganadero-pastoril trashumante con sus ciclos migratorios marcó decisivamente la forma de vida de los habitantes de Villoslada: proporcionó prosperidad económica a las familias; determinó la nupcialidad y natalidad; y creó flujos no sólo migratorios, sino también comerciales, culturales y devocionales entre la villa y el sur español. La mayor parte de los varones activos estaban anualmente fuera de la localidad casi ocho meses, alejados de sus familias. Las mujeres se dedicaban en parte a trabajar la lana, produciendo paños que luego vendían, y además se preocupaban de todas las labores domésticas y agrícolas. En definitiva se establecieron unas pautas de vida singulares y una idiosincrasia que fueron propias de la comarca camerana y de otros pueblos ganaderos del norte de España muy diferentes a las del resto de la península.

          A fines del siglo XVIII comienza la decadencia paulatina de este esquema económico que desemboca en una profunda crisis reflejada en la persistente emigración y en la imposibilidad de desarrollar un modelo sustitutivo de explotación y subsistencia, situación que ha perdurado hasta hoy. Sólo recientemente, durante la década de 1990, comienza a surgir tímidamente, sobre la base del turismo rural, un nuevo sector económico sustentable.

          Resulta imprescindible efectuar un análisis detenido de la trashumancia ganadera, pues ésta tuvo una importancia fundamental y sus diversas repercusiones se dejaron sentir profundamente en la vida y en la cultura de Villoslada durante los siglos pasados.

(Información extractada del libro “Villoslada de Cameros. Pueblo de hidalgos, trashumantes y emigrantes”. Publicado por Juan Antonio García-Cuerdas y Sánchez-Lollano, y editado en 2006 por el Instituto de Estudios Riojanos).