Historia, vivienda y urbanismo en Villoslada

        El poblamiento de la zona donde hoy se emplaza Villoslada fue prerromano, aunque no hay certeza sobre su estabilidad pues se trataba de sociedades en que primaba originariamente la actividad ganadera estacional. Es probable que ya en el siglo II o III d.C. se haya creado algún pequeño núcleo poblacional cercano al río Iregua para cultivar las tierras aledañas y procurarse un sustento alimentario seguro. Una calzada romana de aquella época, de la que aún quedan vestigios (que se iniciaba en Numancia llegaba a Lumbreras y luego se dirigía hacia Villoslada para cruzar el río Iregua, probablemente por el sector donde hoy se encuentra el denominado “puente romano”), sugiere la existencia de un antiguo asentamiento humano, hipótesis que se ve reforzada por la presencia de una estela funeraria prerromana en el lugar de San Cristóbal, cercano al pueblo.

        En tiempos remotos, cuando los hombres buscaban establecerse físicamente en algún paraje elegían emplazamientos especialmente favorables y Villoslada es uno de aquellos: al abrigo de los vientos proporcionado por los montes elevados y cerca de un río pequeño cuyas aguas podían beber y aprovechar en el riego de pequeñas huertas cultivables. Además, las lomas de los montes, sobre las que se asentó el núcleo urbano original, se orientaban en el sentido del curso solar lo que permitía un óptimo aprovechamiento lumínico y calórico. (378) Estas condiciones geográficas favorecieron el asentamiento y organización de un grupo humano que desarrolla una particular forma de vida que le permite evolucionar social, política y económicamente, perdurando como ente poblacional hasta el presente.
Actualmente, para llegar a Villoslada desde la ciudad capital de Logroño es preciso desviarse desde la carretera N-111 en el lugar denominado “Junta de los ríos” (Iregua y Pajares) y seguir por un camino pavimentado de 2.6 kms de longitud. Las primeras edificaciones que se observan corresponden al gran edificio de la antigua fábrica de paños y a la Ermita de San Roque. A la altura de la ermita, se abandona el camino que conduce hacia Montenegro de Cameros virando hacia la derecha para cruzar enseguida el bello puente romano medieval y acceder al casco urbano de Villoslada sobre la margen izquierda del río Iregua. El pueblo se levanta en laderas de solana con vistas hacia las cumbres del Sistema Ibérico, con su núcleo principal sobre la ladera del monte Montesmadres a una altitud de 1072 mts. sobre el nivel del mar.
El agrupamiento urbano inicial se desarrolló alrededor de la actual Iglesia Parroquial. La expansión posterior se efectuó de manera inorgánica siguiendo la orografía de las laderas dando lugar a un trazado típicamente medieval de sus calles: estrechas, llenas de vericuetos y flanqueadas por edificaciones, con descansos y plazas en diversos puntos. A fines del siglo XVI o comienzos del XVII, se habría iniciado la urbanización de las laderas del monte que enfrenta el núcleo originario y que se elevan desde el arroyo Maguillo hoy canalizado y pavimentado para el tráfico de vehículos.
La edificación de mayor antigüedad de Villoslada se encuentra en el interior de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Sagrario, cuyo emplazamiento es indudablemente de tiempo remoto. La construcción del templo actual puede datarse a mediados del siglo XVI, pero no es sino una ampliación de otra iglesia románica levantada en el siglo XI o XII.
Es evidente que el templo primitivo románico era bastante más pequeño, de sillería irregular, paredes pesadas, pocos vanos y consolidado mediante contrafuertes exteriores. Aún se conservan su puerta de acceso, sus murallas anterior y posterior (incorporadas a la actual nave), la torre y restos de canecillos decorativos (pequeñas figuras humanas características del estilo románico); lo que queda de estos canecillos y una ventana se pueden apreciar desde la tercera planta de la casa parroquial, adosada a lo que alguna vez fuera la fachada principal de la iglesia románica.
En torno a la Iglesia, la primera construcción dentro del núcleo urbano y centro sacro de la colectividad, están ubicados los barrios más antiguos conocidos como “La Peña”, “La Corraliza” y “La Plaza”, en los cuales encontramos viviendas edificadas durante los siglos XVI y XVII; los cimientos o alguna otra parte de estas antiguas casas se remontan muy probablemente a épocas previas. Entre aquellas edificaciones datadas en el siglo XVI destacan la casa donde nació el Venerable Fray Sebastián de Villoslada en 1537 (distinguible por su soportal y por la placa marmórea que lo recuerda), y la casa del antiguo Ayuntamiento que enfrenta lateralmente la fachada de la Iglesia Parroquial.
Con el paso del tiempo, Villoslada se fue expandiendo urbanísticamente en varias direcciones. El sector denominado “La Serna”, al final de la calle Agustín Muro, es claramente posterior con viviendas de los siglos XVIII, XIX y XX. El sector conocido como “Casa Nueva” (cercano a la Ermita de San Miguel) y el sector “El Sotillo” (alto y bajo) corresponde también a viviendas de los siglos XVIII y XIX.
En torno a la Plaza Chile encontramos viviendas del siglo XVII (el actual Ayuntamiento – edificado por la familia López-Montenegro-  y la casa blasonada que lo enfrenta, edificada por   Sebastián García del Valle y López, hoy  propiedad de los hermanos Pérez de Agreda, así como la casa de los hermanos Sáenz-Laguna González), del siglo XIX (la de cuatro plantas edificada por José Ansola en 1887 que pertenece hoy a la descendencia de Félix Martínez), y del siglo XX (la de Guillermo Larios Zabala, la de Sagrario Martínez y la de la familia Moreno García-Cuerdas que originariamente fue de mi bisabuelo Lino García-Cuerdas y Montenegro, esta fue edificada en el siglo XVIII pero restaurada íntegramente por sus bisnietos en la década de 1990).
En el sector del “Espolón” o Paseo Guillermo Larios Zabala, bordeado de centenarios chopos y escenario de las fiestas tradicionales, las casas fueron construidas durante los siglos XIX y XX. Muy cerca de allí, contigua al ingreso al “puente romano” y edificada en el siglo XIX, existe una casa de tres plantas propiedad de la familia Herrero Escribano. Junto a la carretera, frente al antiguo cuartel de la Guardia Civil, se hallan los restos de un molino que perteneció a la familia Escribano; construido en mampostería, se derrumbó en la última década a causa de su abandono.
Es interesante destacar las viviendas alzadas a comienzos del siglo XX por los emigrantes, particularmente aquellos que residieron en Chile, los “chilenos”. La primera de ellas, construida hacia 1912, pertenece a Guillermo Larios Zabala. Estos mismos planos de arquitectura fueron utilizados en 1913 para levantar la casa de Bernabé Muro Crespo, exitoso comerciante en Buenos Aires, Argentina (hoy en poder de Santiago García de Vinuesa Moreno). De fecha posterior son la de Felipe Lacámara Ruiz, edificada en 1927, y la de Melitón Ruiz Hernández, en 1928. También construyeron casa los hermanos González Hernández en 1944 y los hermanos Sáenz-Villarreal Lacámara. Todas ellas se agrupan en una primera línea frente al río Iregua. Otras viviendas erigidas por emigrantes fueron la de Valentín Larios Zabala (radicado en Sevilla), casa de gran solidez y equilibrio,  y la casa de Esteban Ibáñez de Pablo (emigrante en Cuba), edificada en 1927 y que aún se mantiene en poder de su descendencia. En la década de 1930, Dionisio Hernández Zabala, radicado en Chile, mandó edificar una casa en la que se incorporan maderas nativas chilenas.
Una especial mención merecen dos edificaciones de gran importancia. La primera de ellas es el denominado “puente romano” sobre el río Iregua, probablemente erigido durante el siglo XV o XVI (es decir, no es romano ni románico) en reemplazo de otros puentes de mayor antigüedad. El primer puente se alzó en la época romana y fue el punto por donde atravesaba la calzada romana que nacía en Numancia; tradicionalmente, siempre fue conocido como “puente romano”.
La otra edificación de relevancia, levantada durante la segunda mitad del siglo XVII, es la antigua fábrica de paños y lavadero de lanas. Se trata de una obra de grandes dimensiones y alta calidad arquitectónica, un ejemplo único de “arqueología industrial” ubicada al costado derecho del camino que actualmente permite acceder al pueblo denominado “el boquete”; de tres plantas y más de 2.000 m2 construidos en piedra de sillería y mampostería, se trata de una edificación industrial textil realmente sorprendente para esa época y esos parajes. Hoy es mudo testigo del auge y la prosperidad que la producción de telas tuvo en Villoslada en siglos pasados.

(Información extractada del libro “Villoslada de Cameros. Pueblo de hidalgos, trashumantes y emigrantes”. Publicado por Juan Antonio García-Cuerdas y Sánchez-Lollano, y editado en 2006 por el Instituto de Estudios Riojanos).