Evolución político-administrativa

1. Antecedentes

La zona donde se emplaza actualmente Villoslada fue controlada desde el siglo IV a.C. por los pelendones, pueblo de estirpe céltica centroeuropea y de carácter ganadero que posteriormente se hizo también agricultor, siendo su lengua y su cultura sustituidas paulatinamente por la lengua y la cultura latinas. Se desconocen instituciones de gobierno o administrativas en las zonas donde se asentaron, así como los límites exactos.
Tras el primer influjo cultural de los pueblos indígenas prerromanos, la “iberización”, sucedió otro impulso más importante, la “romanización”. El 197 a.C. Hispania fue dividida en dos provincias romanas, Citerior y Ulterior, a cuyo frente fueron nombrados procónsules. El actual territorio de Cameros perteneció a la Provincia Senatorial de la Hispania Citerior con capital en Tarraco.
Durante el año 472 los visigodos, emprenden la conquista de la Tarraconense bajo el mando de su rey Eurico, tras entrar por Roncesvalles, llegó hasta el río Ebro y sin oposición militar sentó dominio sobre los actuales territorios de La Rioja y Cameros los cuales pasan a pertenecer al reino visigodo de Tolosa.
En el año 711, las tropas árabes enviadas por Muza ben Nusayr, invaden la Península y tras la batalla de Guadalete (julio de 711) en la que muere el rey Rodrigo, se desploma el ya débil estado visigótico persistiendo sólo algunos esporádicos núcleos de resistencia. El año 713 Muza proclama en Toledo la soberanía del Califa de Damasco sobre toda la Península. Más tarde, las tierras riojanas pasan a formar parte del Emirato y Califato de Córdoba.
A La Rioja ingresan el año 714 pero no penetran en territorio camerano llegando sólo hasta el curso medio de los ríos Iregua y Leza. Todos los autores coinciden en que las zonas altas del Iregua, cercanas al emplazamiento de Villoslada, debido a su difícil accesibilidad no se vieron afectadas por esta invasión de manera directa. Sin embargo, las zonas llanas de La Rioja, especialmente La Rioja Media y Alta, fueron durante casi tres siglos (VIII, IX y X) el escenario de numerosas batallas entre musulmanes y cristianos.
La reconquista de las tierras riojanas tuvo varias fases. En el año 899, asturianos y leoneses ayudados por los condes castellanos recuperan la actual Rioja Alta. En el año 923, caen en poder de las tropas cristianas Nájera, Viguera y Arnedo. En 1045, se reconquista Calahorra y en 1119 Alfonso I el Batallador recupera las comarcas de Alfaro y Cervera del río Alhama. En el año 923, con la conquista de Nájera y de su área de influencia (Viguera, Clavijo y Albelda), la zona de Cameros se sacude completamente del enclaustramiento a que había estado sometida y queda adscrita al Reino de Nájera-Pamplona.
En los comienzos del siglo IX surge la figura del Conde Fernán González, titular del pequeño Condado de Castilla, quien había sido nombrado por Ramiro II de León. Fernán González pasa a ser también Conde de Álava. Actúa como monarca independiente y sus dominios en La Rioja se extienden por gran parte del Camero Nuevo hasta el territorio actual de Soria. Al fallecer el último conde independiente de Castilla sin sucesión, en 1029, los condados de Castilla y Álava quedan vinculados a la dinastía navarra de Sancho III Garcés el Mayor, quien también controlaba los territorios de León y Aragón.
La más remota pertenencia de Villoslada a una entidad político-administrativa regional se relaciona con el Reino de Viguera, una Tenencia de los Reyes de Pamplona asentados en Nájera, que se prolonga desde 970 hasta el año 1030 en que retorna a la Corona pamplonesa. La capital fue la localidad de Viguera y extendió su jurisdicción sobre gran parte del término de Villoslada.
Tras la muerte en 1035 de Sancho III Garcés el Mayor, Los Cameros quedan adscritos al Reino de Pamplona y Nájera.
En 1076, el Rey Sancho Garcés IV de Pamplona y Nájera es asesinado en Peñalén por la conjura de sus hermanos el Infante Don Ramón (quien aparece “dominando en Cameros” en 1072) y Ermesinda. De aquí en adelante, La Rioja y Los Cameros quedan adscritos al reino de Castilla. Los Cameros permanecen “con la misma organización y señorío con que habían estado con los reyes de Navarra y Nájera”.
Villoslada perteneció, al menos desde el siglo X, al Señorío de Los Cameros según quedó acreditado en antiguos documentos y se mantuvo en ese régimen hasta 1366 cuando el Rey Enrique de Trastamara concedió el Señorío a su fiel servidor Don Juan Ramírez de Arellano. Este Señorío, junto con los de Vizcaya y Molina, fue uno de los principales de Castilla, no sólo por su extensión y homogeneidad, sino también por su importante valor estratégico ya que controlaba los puertos ibéricos que conectaban con la meseta castellana. Asimismo, adquiere gran relevancia institucional pues resulta fundamental para configurar la identidad histórica de La Sierra. Pese a sus características geográficas, Villoslada no fue incluida en la concesión del Señorío de Cameros que efectuó Enrique de Trastamara a Don Juan Ramírez de Arellano, siendo entregada en Señorío, junto con Lumbreras y Ortigosa, por el mismo Enrique de Trastamara el 8 de abril de 1366 en Burgos a Don Pedro Manrique de Lara, VI Señor de Amusco.
A partir de ese momento, Villoslada, que había sido parte esencial del Señorío de Cameros, queda dependiente del linaje de los Manrique de Lara que ostentaron el Ducado de Nájera desde 1482. Con esta forma de distribución de los dominios señoriales en la sierra riojana y tierras adyacentes se lograba un equilibrio y neutralización entre los grandes magnates (el Señor de Los Cameros, el Conde de Haro y el Duque de Nájera), solución política que convenía a los intereses del monarca. Los enclaves señoriales de Villoslada, Lumbreras y Ortigosa impedían una continuidad del Señorío de Cameros. Sin estas intromisiones territoriales, el Señor de los Cameros hubiese abarcado toda la sierra riojana, todos los puertos montañosos, el curso alto de todos los ríos riojanos y el acceso desde el valle del Ebro a la Meseta castellana, situación inaceptable para la Corona de Castilla.2.    Villoslada en el Señorío de Cameros y en el Ducado de Nájera.

“En la Rioja Medieval no parece haber existido un régimen de acusado carácter feudal, al menos con la intensidad y extensión que aparece en Europa y en otros reinos españoles, como Cataluña y, en menor medida y por influencia franca, Navarra, sino que, siguiendo en esto la tónica castellana, La Rioja parece una tierra eminentemente libre donde la población mayoritaria está compuesta por campesinos que son pequeños propietarios”. Esta afirmación pareciera no compadecerse con el hecho de que durante gran parte de la Edad Media aproximadamente el 70% de La Rioja fue tierra de señorío y el resto de realengo.
Sin embargo, en la práctica no existe tal contradicción. En general, el tipo de señorío que se ejerció fue con reserva del dominio directo o eminente reconociéndose su derecho mediante contraprestaciones económicas por parte de los campesinos libres a quienes el señor cedía el dominio útil en régimen de enfiteusis o arrendamiento indefinido, de tal forma que la principal prestación era el pago de una renta anual en dinero o especie que solía efectuarse como un pago comunitario (el concejo de la localidad se hacía cargo de él). En otros casos, el señor ejerce también el señorío jurisdiccional, esto es, la administración de justicia civil y penal (además de la local en algunos casos) de forma directa o mediante jueces delegados (existiendo segunda instancia) y teniendo derecho también al cobro de ciertos impuestos que pagaba en muchos casos el concejo municipal.
En una y otra forma de señorío, los campesinos eran hombres libres que mantenían la titularidad de pequeñas propiedades y desarrollaban sus actividades laborales de manera independiente siendo las prestaciones sólo de carácter económico.
Villoslada formó parte del Señorío de Cameros durante varios siglos hasta que en 1366 pasó al señorío de los Manrique de Lara, manteniéndose como posesión señorial del Ducado de Nájera hasta la segunda mitad del siglo XVIII.
Mientras perteneció al Señorío de Cameros sus habitantes eran, sin duda alguna,  hombres libres, dueños de pequeñas propiedades que cultivaban y con plena libertad para trashumar con los ganados lanares que poseían. Los deberes con el Señor de Cameros eran exclusivamente de carácter económico, aunque desconocemos su composición (pagos en especie o en dinero) o el tipo de tributos que se cobraban.
Señala un autor que “los caracteres del tipo psicológico camerano y riojano actuales, manifestados en su independencia y liberalidad, están configurados ya en la época de la Reconquista, puesto que como indica Leza, la presencia en 973 del Concilio de Cameros, en la donación de Bagibel a Albelda, evidencia claramente la existencia de una población libre y permanente en la comarca que gozaba de derechos personales y patrimoniales y que incluso, como ordenación de los mismos, tenía iniciada la organización de su vida local, para el ejercicio de sus actividades ganaderas que le obligaban a una regulación en el aprovechamiento comunal de los pastos”. El mismo autor agrega que al concederse el Señorío de Cameros no se desconoció la existencia de esta realidad en cuanto a los derechos de la población, ni puede suponerse que se quisiere agravar la situación de ella en una época en que la necesidad de arraigar población en las zonas reconquistadas y repobladas obligaba a conceder “cartas pueblas” mediante las cuales se otorgaban derechos personales y patrimoniales.
El Señor de Cameros ejercía sobre la comarca una jurisdicción civil, administrativa y militar, pero conocía y respetaba la situación de los pobladores en cuanto a los derechos personales y dominicales de estos. “Viene a confirmar esta hipótesis el texto de la concesión que de dicho señorío se hizo en 1366 por Enrique II a Juan Ramírez de Arellano, pues expresamente se condiciona su otorgamiento al respeto de los derechos, fueros y franquicias que tuvieron los poseedores en la tierra camerana, y en varios párrafos del Título se habla de la igualdad de trato que debía darse a las villas y lugares sobre las que se le transfería su jurisdicción señorial. Por estos antecedentes y modalidades nos inclinamos a suponer que el referido señorío camerano tuvo un carácter jurisdiccional más que dominical; este carácter seguramente se fue acentuando al ritmo con que evolucionaban las exigencias de la población y se iniciaba la vida local, primero a través de los Concilios y luego al calor de los municipios que – aparte de otras funciones específicas – constituyeron instituciones de defensa, frente a los posibles abusos de la nobleza”.
Cuando Villoslada pasa a formar parte del señorío de los Manrique de Lara su población mantiene la condición de hombres libres.
El Duque de Nájera administraba justicia civil y criminal a través de funcionarios delegados, vecinos del mismo pueblo, siendo sus sentencias recurribles ante el “Adelantado”, una instancia de apelación. En ese año (1752), y desde hacía varias décadas, los vecinos de Villoslada tenían libertad para elegir a las personas que debían desempeñar los cargos municipales. El Duque de Nájera no tenía competencia en el gobierno municipal, con la salvedad de las presiones que pudiesen ejercer localmente sus partidarios.
Es importante destacar un hecho característico de Villoslada: al menos desde 1590, según consta en diversos documentos del Archivo Municipal, no existió en la villa “distinción de estados”, ni “mitad de oficios”, estando sus vecinos exentos de todo tipo de pechos y de “servicio real”, pagando el Ayuntamiento todas las cargas de bolsa común.
Durante el siglo XVIII el régimen de señorío en Villoslada vivió sus últimos años y de hecho fue sustituido por una “democracia municipal” a través de la cual la villa recuperó la facultad de nombrar a los funcionarios municipales (Regidores, Diputados, Procurador, Síndico General, etc.). En 1767, Don Joseph Joachin López-Montenegro era Alcalde designado por Su Majestad y Justicia Ordinaria lo que confirma que la villa estaba ya alejada del señorío del Duque de Nájera. No obstante, persistieron oficios municipales vinculados a ciertas oligarquías familiares que los monopolizaban desde mucho antes (los López-Montenegro, García del Valle y Moreno-Montenegro y en menor medida los Nájera-Salvador, Fernández-Salvador, de Puerta, etc.). Con la abolición de los señoríos y la aplicación de medidas de corte liberal que arrancan de las Cortes de Cádiz (1811), esta situación comienza a evolucionar (tiende a desaparecer la discriminación entre estados noble y llano) y se inicia la participación del resto de la población en el gobierno de la villa.
Los señoríos desaparecen jurídicamente en La Rioja a comienzos del siglo XIX como consecuencia de la abolición emanada de las Cortes de Cádiz

3.    Incorporación de Villoslada a la Provincia de Logroño y Región de la Rioja

La Rioja entró a la Edad Moderna con una ordenación del territorio fragmentada y bastante caótica. Por una parte, estaban los grandes señoríos a los que nos hemos referido. Y por otra parte, existían señoríos menores y eclesiásticos y extensas zonas de realengo en las que se observaban incipientes intentos de territorialización.
La Rioja se hallaba dividida de manera inorgánica entre las provincias de Burgos y Soria. Esta situación tuvo una solución definitiva cuando en 1833 se estableció la provincia de Logroño que comprendía la mayor parte de los territorios históricos y naturales de La Rioja, entre ellos la Sierra de Cameros y Villoslada. Brevemente analizaremos los principales hitos que marcaron este impulso institucionalizador.
Desde 1366, Villoslada formó parte del señorío de los Manrique de Lara (Duques de Nájera), estatus en que se mantuvo durante varios siglos. Sin embargo, los lazos con el Ducado de Nájera fueron cada vez más tenues a partir del siglo XVII y durante el siglo XVIII se tornaron casi simbólicos.
Durante el siglo XVI Villoslada figuraba en las relaciones de la provincia de Burgos y en el censo de la población de Castilla constaba en las Adiciones en el artículo de Nájera. En 1785, según la “División de Floridablanca” Villoslada era una villa que aún pertenecía a un señorío secular (Ducado de Nájera), contaba con un Alcalde Ordinario elegido por los vecinos y las decisiones judiciales de primera instancia se apelaban ante el Adelantado que era una autoridad judicial real. Dentro de la Provincia de Burgos, estaba entonces adscrita al Partido de Logroño.
Tras diversas vicisitudes un decreto del 27 de enero de 1822 crea la provincia de Logroño, reconoce su individualidad e incluye dentro de sus límites a la mayor parte de “La Rioja natural” y a la Sierra de Cameros con Villoslada. Sin embargo, restablecido el gobierno absolutista (1823), la división provincial queda derogada por decreto y se vuelve al régimen de las Intendencias. La Rioja dependerá administrativamente de Burgos y Soria hasta 1833.
Finalmente, gracias al impulso de la Reina María Cristina y con la importante participación de Javier de Burgos, se aprueba el Decreto del 30 de noviembre de 1833 mediante el cual se establece la división del territorio español en provincias, incluyendo la de Logroño con sus límites actuales. Aunque esta nueva división excluye algunos pueblos de Álava, Navarra y Soria incorporados en 1822 y pese a que se insiste en utilizar el nombre de la capital, Logroño, para la provincia, el Decreto de 1833 reconoce y sanciona definitivamente la peculiaridad de la región.
Mediante Real Decreto del 21 de abril de 1834 se crean nueve partidos judiciales: Alfaro, Arnedo, Calahorra, Cervera, Haro, Logroño, Nájera, Santo Domingo de la Calzada y Torrecilla en Cameros. En este último queda incorporada la localidad de Villoslada de Cameros. En 1977, el Partido de Torrecilla en Cameros se incorpora a su vez en el Partido de Logroño.
En noviembre de 1980 se reemplaza el nombre de Provincia de Logroño, poco preciso, por el histórico de Provincia de La Rioja, con Logroño como ciudad capital. Y en 1982, La Rioja pasa a ser constitucionalmente una de las 17 Comunidades Autónomas españolas.

(Información extractada del libro “Villoslada de Cameros. Pueblo de hidalgos, trashumantes y emigrantes”. Publicado por Juan Antonio García-Cuerdas y Sánchez-Lollano, y editado en 2006 por el Instituto de Estudios Riojanos).