Antecedentes generales

La emigración de los habitantes de Villoslada de Cameros y su asentamiento en otras localidades presentó características diferentes considerando el momento en que tuvo lugar y hacia donde se dirigió. Cronológicamente, se distinguen dos períodos: el primero abarca desde el siglo XVI hasta el año 1836 y el segundo período se cierra a fines del siglo XX; este último, debido a sus significativas cifras y repercusiones, es el que concentra nuestro mayor interés. Y por otro lado, cabe distinguir entre la emigración doméstica (que tuvo por destino las regiones españolas) y la emigración exterior (que se dirigió hacia América).

       Durante los siglos XIX y XX, y principalmente entre 1880 y 1930, tiene lugar una intensa emigración transoceánica que se dirige hacia América, superando los tres millones y medio de españoles. Durante los tres siglos previos de dominación colonial los españoles que cruzaron el Atlántico no sumaron más de 750.000 personas. Este fenómeno contemporáneo sin parangón, que se ha denominado “emigración en masa”, también afectó a otros países de Europa septentrional, occidental y mediterránea. Durante este lapso, en España la emigración doméstica fue insignificante comparada con las cifras de emigración exterior. Las principales regiones españolas desde las que surge la emigración a ultramar fueron Galicia, Asturias y Canarias y, en menor medida, Andalucía, País Vasco, Cataluña e Islas Baleares; en las franjas del litoral y en las islas predomina claramente la emigración con destino a América.

      En el contexto peninsular, La Rioja tuvo una participación numérica marginal dentro de los flujos migratorios ultramarinos de la época: aproximadamente unos 29.000 riojanos dejan su tierra para dirigirse hacia América. En su mayoría, serranos provenientes de los pueblos de Cameros y del Alto Najerilla cuyos antecesores en otras épocas se habían dirigido preferentemente a Extremadura y Andalucía. Durante este período la emigración serrana hacia el exterior llegó a sobrepasar el 50% de los flujos migratorios de la comarca; el resto emigró a otros puntos de la provincia o de España siguiendo a familiares previamente asentados en determinadas localidades.

       Villoslada no se vio ajena a los vaivenes migratorios de la época y su población disminuye significativamente desde 1.216 habitantes en el año 1838 a 400 en 1986. De 1.102 emigrantes villosladenses, el 65.60% emigró dentro de España y sólo un 34.39% a América. Del total de ellos, 1.018 (92.37%) emigraron durante los siglos XIX y XX y sólo 84 personas (7.62%) habían salido durante los siglos previos. Esta relación ha sido confeccionada a partir de un sinnúmero de fuentes dispersas y recopila la mayoría de los emigrantes, pues las cifras resultan consistentes con las variaciones de población que registran los censos y padrones.

        La Rioja presentaba una gran diversidad geográfica, humana y económica entre las sierras meridionales (Cameros y Demanda) y las poblaciones del valle, diferencias que se determinaron las causas, circunstancias y destinos del proceso migratorio.

       La emigración villosladense comparte algunas características propias de las grandes corrientes migratorias surgidas en España en ese período, bajo la influencia de “factores estructurales” y coyunturas generales. Sin embargo, presentó ciertas peculiaridades, temporales y espaciales, que la diferenciaron claramente tanto de la “emigración en masa” surgida en otras provincias españolas como de aquella que se manifestó en pueblos riojanos de la zona del valle del Ebro.

      Dentro de los “factores estructurales” que mayormente influyeron en el sector rural español cabe mencionar: la crisis y ruptura del modelo económico del “Antiguo Régimen”; la instauración del sistema liberal entre 1812 y 1868; la crisis derivada de la transformación de las estructuras agrarias; los indicadores demográficos con altos valores de nupcialidad y fecundidad; el advenimiento de la revolución industrial; y el surgimiento del sistema capitalista. Un factor coyuntural impulsaría la emigración a ultramar: el deseo de eludir el servicio militar en momentos que España participa en conflictos bélicos (en Cuba, Filipinas y Marruecos a fines del siglo XIX y comienzos del XX).

      Los rasgos específicos de la emigración de Villoslada (y de Cameros en general) estuvieron determinados por las siguientes circunstancias: la decadencia final, a comienzos del siglo XIX, de la secularmente próspera actividad ganadero-lanar villosladense con el consiguiente empobrecimiento de sus habitantes (a diferencia de aquellas comunidades rurales inmersas en la pobreza desde tiempos inmemoriales); el asincronismo de su flujo migratorio respecto de otras regiones españolas; las cadenas migratorias familiares, generación tras generación, que predeterminan el destino geográfico y la concentración en ciertas actividades económicas; el predominio, merced a dichas cadenas familiares, de una emigración selectiva (y no de carácter masiva como ocurrió en algunas provincias españolas de gran aporte y tradición migratoria); la tendencia de la mayoría de los villosladenses a trabajar por cuenta propia en sus comercios o empresas, herencia de un sistema ancestral de vida marcado por la independencia; un nivel educativo comparativamente alto durante los siglos XVIII, XIX e inicios del XX  que les otorga una situación privilegiada en las comunidades en que se insertan (no se registran casos de analfabetismo); el origen hidalgo de la mayoría, que permite a ellos y a sus descendientes incorporarse a las clases privilegiadas de la sociedad receptora (particularmente durante los siglos XVIII y XIX). A diferencia de lo que se observa en la “emigración en masa”de otros pueblos riojanos, predomina en Villoslada la emigración doméstica sobre la emigración hacia ultramar.

      La emigración surgida en Villoslada es comparable a la que se desarrolló en un amplio espacio del norte peninsular, desde la montaña de Santander hasta los valles de la Alta Navarra en sentido oeste-este, y desde la costa cantábrica hasta La Rioja y el norte de Castilla la Vieja en sentido norte-sur. La emigración desde estas áreas homogéneas, considerando sus estructuras económicas y sociales, fue también selectiva y de calidad. Diversos estudiosos han elogiado la destacada presencia de este grupo de inmigrantes en España y en América durante los siglos XVIII y XIX cuyo aporte fue trascendental para el desarrollo comercial, industrial y financiero de varias ciudades de España: Madrid, Málaga, Sevilla, Jaén, Cádiz, Córdoba, Granada, Cáceres, Santiago de Compostela, además de numerosas otras localidades extremeñas y andaluzas donde se radicaron. Durante el período colonial su influencia fue sobresaliente en el comercio y en la sociedad de Buenos Aires, Ciudad de México, Lima, Caracas y Santiago de Chile, entre otras ciudades, pasando a formar parte ellos y su descendencia de las clases dirigentes. Los posteriores flujos migratorios de fines del siglo XIX y comienzos del XX provenientes de Cameros y de las otras regiones septentrionales que se dirigieron hacia América, y en particular hacia Chile, encontraron un entorno político, económico y social menos favorable para sus aspiraciones. Sin embargo, al igual que sus antecesores, y también apoyados en las redes familiares y el paisanaje, en general lograron abrirse paso exitosamente en el mundo del comercio y la empresa.

       Hacia fines de la década de 1950, tras la interrupción derivada de la guerra civil y la posguerra, se inicia la última corriente de emigración. En 1959 se adoptan medidas de estabilización y saneamiento de la economía española y las Cortes aprueban el primer Plan de Desarrollo Económico y Social. Los habitantes de Villoslada emigran atraídos por las ofertas laborales de la industria, la construcción y la hostelería (principalmente Logroño, y luego Barcelona, País Vasco y Madrid), actividades necesitadas de mano de obra proveniente del mundo rural. Aunque sin disponer de las ventajas comparativas de los períodos anteriores, estos emigrantes conquistaron mejores posiciones económicas, pero nunca tan favorables como sus antecesores de décadas y siglos pasados.

        La emigración resultaba beneficiosa para los habitantes que se quedaban. Se estabilizan las economías familiares al disminuir los hijos que debían ser mantenidos. El emigrante, una vez asentado en su destino, colabora con ayudas monetarias para sus padres y grupo familiar. Las fincas de labranza y demás bienes familiares soportan un menor número de personas. Además, siempre existía la posibilidad de que el emigrado llamase a un hermano menor, sobrino o familiar para trabajar con él.

       Por otra parte, Villoslada se vio favorecida por legados (efectuados principalmente a favor de las escuelas, de la Iglesia parroquial y de la Ermita de Lomos de Orios) y por aportaciones de carácter individual (la construcción del Cementerio de San Cayo; la pavimentación del puente romano; las mejoras del Paseo de El Espolón; las donaciones de la Caridad de Lomos de Orios, etc.) o colectivas (la formación de la Plaza Chile y la donación de una trilladora  por parte de la “Sociedad Protectora de Villoslada por sus hijos en Chile”). El nombre de algunas calles de Villoslada testimonia el aprecio a aquellas personas que efectuaron obras de beneficencia en favor de su pueblo (Francisco Zabala, Ángel Gil, Agustín Muro, Guillermo Larios Zabala). Es sorprendente la gran cantidad de inmigrantes que desde puntos geográficos más o menos distantes se preocuparon de favorecer de diversas formas y en la medida de sus posibilidades económicas a su pueblo natal.

       Sin embargo, la emigración durante los siglos XIX y XX de una numerosa cantidad de población joven, principalmente masculina, tuvo finalmente repercusiones desoladoras para la estructura demográfica de Villoslada: disminuyen las tasas de nupcialidad y natalidad; aumenta la proporción de mujeres solteras; se produce el paulatino envejecimiento de la población… Este desequilibrio fue especialmente notorio durante la segunda mitad del siglo XX al producirse una fuerte emigración hacia Logroño y otros núcleos industriales, lo que hizo colapsar definitivamente el crecimiento vegetativo, disminuyendo la población ya sin perspectivas de recuperación.

      Este movimiento migratorio que se desarrolló durante los siglos XIX y XX dejaría profundas huellas en el inconsciente colectivo de los habitantes de Villoslada. De manera espontánea surgirá en ellos un sentimiento de familiaridad y simpatía con lugares tan distantes como Chile, Argentina y el sur de España y con los villosladenses residentes allí. Por su parte, los inmigrados, sus hijos y sus nietos, cultivan en la distancia el recuerdo amoroso del solar de sus antepasados junto a la inquietud por conocer más de sus orígenes.